Me miras a lo lejos, pensando que eres ajeno a todos mis deseos,
y yo, reprimiendo cualquier gesto, tan sólo te observo...
Te observo con miedo, te observo fingiendo. Fingiendo que de ti no me acuerdo,
que te veo pasar y no me volteo, que al cerrar los ojos no apareces en mis sueños,
que creo que fue un error, que el destino se arrepintió, que sólo caí en su juego.
¡Pero no! esto fue más aya de todo esto, fue a parar ingenuo, en medio de mi desierto
Desierto en el cual tu vida, bruscamente, se estrelló.
Sí, desconociendo que en aquel acontecimiento, algo en mí cambió.
En mi desierto una flor brotó.

No hay comentarios:
Publicar un comentario