viernes, 14 de octubre de 2011

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Carezco de palabras técnicas, científicas y poéticas para decir que te extraño
Carezco de madurez y de interés para escribir cada palabra sin pensar en ti
Carezco de realidad y sensatez para no pensar que algo de mí queda en tu recuerdo
Carezco de mentira y frialdad para no poder pronunciar un "te quiero"
Carezco de indiferencia e incredulidad para dejar de creer que quizás te pueda ver una vez más
Carezco de razón y voluntad cada vez que te pretendo olvidar
¡¿Qué me importaría a mí, carecer de toda trivialidad si tú a mi lado pudieras estar?!
Carezco de ti, eso es lo único que lamento.

viernes, 19 de agosto de 2011

Anhelo


Quiero embriagarme con poesías, quiero empaparme bajo la lluvia, quiero llorar hasta que el llanto se aburra y me invada la risa; quiero dejar todo por amor, quiero olvidar, quiero que no exista futuro, quiero desahogarme con un par de acordes, quiero sumergirme en una canción, evadir la envidia, la vanidad, las cosas que no son del corazón; quiero desnudar tus secretos, quiero correr, bailar con el viento, quiero palpar un árbol, fabricar mundos con decenas de versos; quiero alojar en un bosque, quiero ver con los ojos cerrados lo que a nadie le interesa ver, quiero sanar mis oídos de expresiones frívolas, quiero recorrer  un parque bajo las estrellas, quiero escalar tus pensamientos, enamorarme de la luna y su mar de misterios; quiero derribar las apariencias y aquello que entorpece la verdad; quiero caminar sobre tu alma y construir ahí una habitación, quiero hacer una promesa y concretarla, quiero aventurarme en una carrera y llegar a la meta, quiero que no sea necesaria la lástima y la comprensión, quiero que desaparezcan los mitos de nuestra existencia, quiero viajar al país de tu esencia, quiero abrazarme a la felicidad y no soltarme de ella, quiero descifrar lo que expresa la naturaleza, quiero aferrarme a un Ser Superior, quiero sentir miedo, sentir deseo y  eso que llaman locura, quiero que mi ser se encienda !y viva la vida!, quiero agotar la imaginación, quiero regalarte una sonrisa y qué tu me regales una mirada, quiero gritar ¡te amo! aunque no sepa donde te escondes, quiero buscarte, quiero hallarte... Quiero buscarme, quiero hallarme...

sábado, 18 de junio de 2011

¡Renuncio!

Hoy me propuse renunciar.
Renuncio a la ficción,
renuncio a la frialdad,
renuncio a tu verdad,
y a la imaginación.
Renuncio a los lamentos,
renuncio a la tristeza,
renuncio a mi mentira, y la tuya igual.
Renuncio sin mirar atrás.
Renuncio segura de que a mí renunciarás
Renuncio a quedarme sentada y sólo escuchar.
Renuncio a tus palabras,
renuncio a mi sentir y al engaño de tu mirada.
Renuncio a las ingenuas ilusiones,
a los desvelos, y a tu mundo idealizado...

Ya no tengo dudas de renunciar a ti.




miércoles, 25 de mayo de 2011

Agosto

El cielo gris de aquella mañana de agosto, hacía predecir que la lluvia estaba próxima a caer. Jaime Luis Huenún bien lo sabía, vivía en aquel pueblo desde el día de su nacimiento, hace unos 60 años aproximadamente. Luego de que su esposa falleciera, era un hombre solitario, frío, adicto al tabaco y a la yerba mate. Trabajaba produciendo carbón en aquel inmenso campo que su padre le había heredado, dedicando gran parte de su tiempo en hacer aquella labor. Pero esta actividad no era la única que lo movía en ese entonces, Jaime era además, autor de hermosos poemas. Su prolongada soledad lo había empujado a refugiarse en la poesía, en donde el campo, la montaña, el clima y un pasado misericordioso, eran la mejor fuente de inspiración.
Agosto era para el longevo hombre, el mes ideal para escribir. Fue un día de agosto cuando Esmeralda, su esposa, había dejado para siempre el mundo material. Con ella había tenido un hijo, Luis. Jaime los amaba como pocas cosas había amado en su vida, era un hombre que sentía mucho, pero expresaba poco. Amaba la naturaleza. A Luis por su parte, nunca le había llamado la atención seguir los pasos de su padre, para él el mundo de verdad estaba afuera, más allá de los bosques y las montañas. Por eso, un día, sin avisar a nadie, tomó sus pertenencias y se marchó en busca de lo que él consideraba “vida”, hecho que por cierto, también había ocurrido en el octavo mes del año.
Jaime luchaba día a día por no guardar resentimientos, por no convertirse en una roca sin emociones, luchaba por seguir amando su campo, ese que durante tanto tiempo había sido escenario de almuerzos familiares, de vastas conversaciones bajo las estrellas,  la atmosfera perfecta que había cobijado sus introvertidos lapsos de alegría. Porque el presente era distinto, era frío, era silencioso y solitario, pero él, con su amparo hecho de estrofas y versos, se negaba constantemente a aceptarlo como tal. Veía en cada metáfora o hipérbole una escapatoria a esa realidad, que a estas alturas, todo el mundo miraba con lástima y compasión. Escribía y escribía, como si su respiración estuviera compuesta de palabras y rimas.
Luego de varios años viviendo del campo y de los poemas, Jaime se encontraba postrado en una cama, solo, rodeado de sus cientos de escritos. Daba la sensación de que alguien más estaba presente en aquel viejo cuarto. La lluvia se manifestaba violentamente afuera, como expresando su dolor por aquel hombre que en tantos poemas la había alabado y enaltecido. A las 16 horas Jaime Luis Huenún daba su último respiro, le decía adiós al mundo con una, casi imperceptible, sonrisa en el rostro. Un fuerte portazo se escuchó desde el fondo, unos veloces pasos, y luego, unos cuantos sollozos. Luis ya contemplaba el cuerpo sin vida de su progenitor. Corrió hacia él, le beso las manos y lloró. Tomó una de las cuantas hojas y leyó aquella que llevaba por título Hijo, te extraño. Transcurría el último día de agosto.

viernes, 6 de mayo de 2011

Aún rondas en mis pensamientos, caminas indiferente, como perdido en tu universo.
Me miras a lo lejos, pensando que eres ajeno a todos mis deseos,
y yo, reprimiendo cualquier gesto, tan sólo te observo...
Te observo con miedo, te observo fingiendo. Fingiendo que de ti no me acuerdo,
que te veo pasar y no me volteo, que al cerrar los ojos no apareces en mis sueños,
que creo que fue un error, que el destino se arrepintió, que sólo caí en su juego.
¡Pero no! esto fue más aya de todo esto, fue a parar ingenuo, en medio de mi desierto
Desierto en el cual tu vida, bruscamente, se estrelló.
Sí, desconociendo que en aquel acontecimiento, algo en mí cambió.
En mi desierto una flor brotó.

sábado, 23 de abril de 2011

Sé que no vale la pena. Pero te pienso.


No me cabe duda que es una tontería. Pero te sueño.


No entiendo por qué. Pero te anhelo.


No quiero. Pero te quiero.

lunes, 31 de enero de 2011

Viceversa

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte

tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte

tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte

o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.

- Mario Benedetti