Sin tocar la puerta entraste,
sin pedir permiso te instalaste.
Es verdad, alguna vez te quice y anhele con todo el corazón,
pero ahora que te veo siento miedo, y es más,
quisiera que te fueras y me dejaras a solas
con mi niñez y mi adolescencia.
Pero me dices que es imposible, que la vida te envió aquí
y que yo solo debo alegrarme con tu llegada,
que puedo seguir siendo niña hasta cuando quiera,
pero será inevitable que el mundo cambie conmigo ahora que tú estás...
Bueno, entonces te pido perdón. Quizás es el miedo a madurar...
Es el pasado el que cargo a mis espaldas y es quizás lo que me impide
recibirte con más optimismo...
Sólo quiero ser fuerte y actuar de la manera correcta...
Pero por sobre todo: ser feliz.
Espero que tu no seas obstáculo, querida u odiada adultez...

Mirala más como una simple edad, fuera del enfoque que la sociedad le da a la "adultez" ... yo tampoco la quizé, pero es inevitable.
ResponderEliminar